Mostrando postagens com marcador América Latina. Mostrar todas as postagens
Mostrando postagens com marcador América Latina. Mostrar todas as postagens
3

Brasil não é um país carioca

Aconteceu de novo.... A Presidente Dilma estava em Madri na semana passada e o Brasil voltou à capa de todos os jornais do país. Abrindo a app do El País online, lá estava: Brasil, el país carioca decide....

Grrr! Outra vez!
Quando eu trabalhava como jornalista em um grupo de comunicação que insistia em chamar o Brasil de "país carioca", eu escrevi um post no meu falecido blog que gerou certa repercussão entre meus companheiros, e rendeu um orgulhoso primeiro lugar no Google para quem procurava por"País carioca".

Ressuscito o texto porque acho interessante a gente saber o pouco que eles conhecem sobre o nosso país por aqui. É normal, claro. Sei que tem muita gente que acha que os espanhóis comem paella e tomam sangria todos os dias. Infelizmente isso não é verdade :)
Esse foi o grãozinho de areia que eu tentei somar à desmistificação do nosso país. O link para o post original está aqui. Foi o primeiro e único que escrevi em dois idiomas.
Espero que gostem.


Brasil no es un "país carioca"

Decir que Brasil es un "país carioca" es como decir que España es un "país flamenco" o un "país madrileño". O decir que Francia es un "país parisino".

O Brasil não é um "país carioca"
Levo algum tempo publicando tuits com a intenção de transmitir aos jornalistas espanhóis que o conceito de "país carioca" não existe. Com as eleições no Brasil, os meios de comunicação estão dedicando mais tempo e espaço ao gigante sul americano e pensei que este seria o momento de publicar um post detalhando un pouco melhor o assunto.
Sempre tuiteo que dizer que Brasil é um "país carioca" é o mesmo que dizer que Espanha é un "país flamenco" ou um "país madrilenho". Ou que França é um "país parisino".
É absurdo e sem sentido.
Brasil é um país brasileiro! E o Rio de Janeiro é una província carioca. Ou melhor, cariocas são os que nascem na cidade do Rio.
Nasci no Brasil, lá tenho o meu coração e não, não sou carioca.
Aliás: sou brasileira e prefiro o whisky à caipirinha, o blues ao samba e as botas às havaianas. Não somos todos iguais... assim que por favor, não nos tratem como se fôssemos todos membros de uma escola de samba. O Brasil é muito mais do que isso. Com o bom e com o ruim, mas não generalizem.
Minha cidade vê mais nuvens e chuva do que sol. Não temos praia, não temos Carnaval e somos bastante conservadores. Sou de Curitiba, uma cidade que está ao sul do Brasil. Mais perto do Paraguai, da Argentina e do Uruguai do que do Rio. Dizemos "guria" (como os uruguaios) e não "garota" (como os cariocas).
Entre o nosso universo e o universo carioca existem tantas diferenças quanto entre a cultura da Andalucía e do País Vasco. Acredito que os espanhóis são os que melhor podem entender o que quero dizer, e os entendo perfeitamente quando se molestam com a caricatura de que eles são toreiros e sevilhanas dançando flamenco e tomando sangria pela rua... Então, vamos aprender juntos. Assim podemos crescer como "culturas maravilhosas" que somos. Por favor, deixem de nos chamar "cariocas". Somos bem mais do que isso. Somos 200.000.000 de pessoas - todas diferentes.
Curitiba - Paraná - Brasil

 Llevo tiempo publicando tuits con la intención de transmitir a los periodistas españoles que el concepto de "país carioca" no existe. Pero con las elecciones en Brasil, los medios están dedicando más tiempo y espacio para el gigante sudamericano, así que pensé que era el momento de publicar un post aclarando un poco mejor el tema.
Siempre tuiteo que decir que Brasil es un "país carioca" es como decir que España es un "país flamenco" o un "país madrileño". O que Francia es un "país parisino".
Es absurdo y no tiene ningún sentido.
¡Brasil es un país brasileño! Y Río de Janeiro es una ciudad carioca. De hecho, cariocas son los que nacen en la ciudad de Río.
Nací en Brasil, ahí tengo mi corazón y no, no soy carioca.
Por cierto: soy brasileira y prefiero el whisky a la caipirinha, el blues a la samba y las botas a las havaianas. No somos todos iguales... así que por favor, no nos tratéis como si así fuera. Brasil es mucho más que esto. Con lo bueno y lo malo, pero no generalicéis.
Mi ciudad ve más las nubes y la lluvia que el sol. No tenemos playa, no tenemos Carnaval y somos bastante conservadores. Soy de Curitiba. Una ciudad estupenda que está al sur de Brasil. Más cerca de Paraguay, de Argentina y de Uruguay que de Río. Entre nuestro universo y el carioca existen tantas diferencias cuanto la cultura andaluza y la cultura vasca. Creo que los españoles sois los que mejor pueden entender lo que quiero decir yyo os entiendo perfectamente cuando os enfadáis con la caricatura de que los españoles son toreros y sevillanas bailando flamenco y tomando sangría que se ha creado por ahí... Así que aprendamos entre nosotros, y crezcamos como culturas únicas e maravillosas que somos; respetándonos siempre.



4

El regreso de Daisy

Que bom é encontrar pessoas que pensam como você e sabem como explicá-lo melhor.
Um copy + paste de um artigo, publicado no El País, por Carla Guimarães - uma escritora baiana muito madrilenha que conheci em uma cafeteria da rua Fuencarral.


El regreso de Daisy

Se fue de Brasil por la falta de oportunidades. En España empieza a pasar lo mismo


Hace un par de meses mi amiga Daisy tuvo una cita muy importante. Como si de un truco de magia se tratara, entró en el registro de la Calle Pradillo de Madrid como brasileña y salió como española. ¡Tachaaaan! Parece fácil, pero es un truco muy complicado. Fueron demasiados los años de espera para tener los mismos derechos que un ciudadano que nació aquí, a pesar de tener, desde hace mucho, las mismas responsabilidades. Minutos después de jurar fidelidad al Rey y a la Constitución, mientras miraba el noticiero de la tele tomándose un café en un bar cerca del registro, Daisy se percató de algo que la dejó sin palabras.
Cuando llegó a Madrid, fueron muchas las cosas que llamaron la atención de Daisy: la manera como la gente hablaba, muy alto y de forma muy directa, lo mucho que fumaban, hasta en los ascensores y en el metro, lo fuerte que sabía el café, incluso si lo pedías con leche, la inmensa cantidad de bares, casi todos con el suelo repleto de servilletas, huesos de aceitunas y colillas, y lo tímidos que eran los hombres, que tardaban siglos en ligar. Antes de venir, había visto la película Ay Carmela e imaginaba al hombre español como el soldado republicano que aparecía al principio de la cinta, preguntando a Carmela si podía calentarse las manos en su escote. Le encantó el descaro del soldado, influido seguramente por la soledad de la guerra o la ginebra. Los hombres que Daisy conoció tardaban tanto en dar el primer paso, que ella misma tenía que preguntarles si les apetecía calentarse las manos. En eso, todo hay que decirlo, los brasileños son más rápidos y ya vienen con las manos calientes.
Después de esta primera impresión, donde asentamos la mirada en las diferencias cotidianas y las hacemos mayores de lo que realmente son, poco a poco, Daisy empezó a darse cuenta de lo que era realmente diferente, y a apreciarlo. Por ejemplo: la inmensa clase media española, y esa sensación de que aquí las diferencias sociales no son tan grandes. La primera vez que llamó un fontanero a su casa y él la trató de igual a igual, Daisy se quedó anonadada. En Brasil no era así, el clasismo imperaba. Aquí casi todos se trataban de tú a tú, y eso significa algo más que el simple uso o desuso de ciertos pronombres personales. Otra cosa que le impresionó a Daisy fue el sistema público de salud. Hace no mucho tuvo que ser operada dos veces por una hernia. En Brasil, Daisy jamás confió en la salud pública, y la privada, después de dos cirugías y varios días hospitalizada, sangraría de tal manera su cuenta bancaria que su mejor opción sería morir en la mesa de operaciones. Pero lo que más le chocaba, sin embargo, era la sensación de seguridad. Que cualquier latinoamericano me corrija si me equivoco, pero eso de regresar a casa de madrugada caminando por las calles y que no te pase nada… Eso es un lujo. No está pagado con dinero. Bueno, sí lo está. Esto ocurre en España justamente porque la gente tiene una mejor división del dinero, no hay tanto en manos de tan pocos como pasa en Brasil.
También es cierto que Brasil cambió mucho en esos años. 30 millones de brasileños salieron de la pobreza, el país pasó de deudor a acreedor del Fondo Monetario Internacional y es actualmente la sexta economía mundial. Daisy nunca tuvo ínfulas nacionalistas, sino todo lo contrario. Consideraba el nacionalismo como algo negativo, que impedía a los brasileños ver el país como realmente era. Pero estaba claro para ella que las políticas sociales de los últimos gobiernos le permitieron volver a tener orgullo de un Brasil que la desterró por falta de oportunidades. Por eso, mientras veía el catastrófico noticiero de la tele española en el bar cerca del registro, Daisy pensó en Brasil y en España, en cómo han cambiado las cosas estos últimos años. Y encontró un símil entre los dos. Algo que le aterrorizó.
Hace 12 años, Daisy se fue de un país en crisis, gobernado por neoliberales que priorizaban las medidas económicas por encima de las sociales y que creían en un desarrollo dependiente de los países más ricos de la zona. Un país que llevaba a cabo una fuerte política de privatizaciones y que consideraba las inversiones en salud y educación como meros gastos públicos. Se creía y se decía que la administración privada sería más eficaz que la pública. Sin embargo, la misión de cualquier empresa privada es obtener beneficios, lo que en demasiadas ocasiones prevalecía sobre el bienestar de los ciudadanos. Daisy se fue de un país que ya no creía en su clase política y donde la corrupción imperaba impunemente, ya que muchos de los procesos judiciales a los corruptos, como se decía en Brasil: terminaban “en pizza”. Algo termina en pizza cuando se habla mucho, no se llega a ninguna parte y después, ya cansados, los interlocutores piden una pizza. Durante mucho tiempo Daisy creyó que el propio Brasil terminaría en pizza, y justamente por eso partió. Se fue de un país que no juzgó los crímenes cometidos durante la dictadura, dejando impunes las torturas y asesinatos sufridos por más de 20.000 presos políticos. Un país cuya ya escasa clase media desaparecía, absorbida por una galopante crisis social. Un país cuyo gran triunfo nacional era ganar mundiales de fútbol.

Se fue de un país en crisis, donde los  neoliberales  priorizaban las medidas económicas por encima de las sociales
De alguna manera, y sin saber muy bien cómo, al aceptar la nacionalidad española, Daisy pensó que estaba regresando a este mismo país.
Carla Guimarães es escritora, guionista de televisión y de cine.

0

El tiempo no para

Morar em outro país é descobrir que uns argentinos fizeram uma versão quase tão boa quanto a original, para uma das suas músicas favoritas - e entender a transcendência de uma história que eu pensei que fosse só nossa, mas que na verdade é do povo, de qualquer povo.

Para eles nós somos só um bando de ladrões, de bichas e maconheiros. Mas não nos sintamos sozinhos... isso é comum em toda a América Latina. E é igualzinho nesta parte da Europa.



Importante comentar que Beirsuit Vergarabat não é, em absoluto, uma banda de uma só canção. Grande grupo formado nos anos 80, chegando ao êxito no final dos 90, eles misturam rock com outros ritmos latinos como o tango e a salsa, sempre mantendo firme um necessário discurso crítico à política e à sociedade. "El tiempo no para" é um dos seus trabalhos mais reconhecidos, mas não posso deixar de recomendar as belíssimas Mi Caramelo e Un Pacto.  
Cambiar el Alma e La Bolsa mostram a outra cara dos Beirsuit - uma das referências do rock argentino. Da mesma época em que o Brasil ouvia o coquetel Cazuza-Barão-Ultraje-Legião-Lobão-Titãs (quantos "ã" na quela época, né?) e outras pérolas.


Mais posts de artistas argentinos que adoro:
Fito Paez e seu piano
Los Rodriguez - Hace Calor