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A Caridade e a Justiça Social

"Mal vamos si nos acostumbramos a la caridad y no a la justicia."


Sempre digo que reclamamos das coisas erradas. Por exemplo: montar uma manifestação para pedir "paz" no Rio de Janeiro, é como ir para a rua pedir que as pessoas "votem consciente" num país de ignorantes. Como uma sociedade pode votar consciente se não tem acesso à educação? Como podemos pedir "Paz", assim, sem mais nem menos, se os policiais estão mal formados, mal pagados, mal educados, trabalham sem infra-estrutura e não têm o apoio de ninguém?

Nos assombramos com o Furacão Sandy nos Estados Unidos e ignoramos nossas próprias mazelas. Mentimos para nós mesmos e viramos a cara para a nossa realidade quando centenas - ou milhares - de pessoas morrem por causa das chuvas no nosso país. E não se trata de um furacão.... é sempre igual: no Brasil não pode nem chover. Se chove, morre gente.

Na minha cidade, Curitiba, cada chuva forte derruba árvores que fecham ruas, amassam carros, deixam casas sem eletricidade. Reclamamos, publicamos fotos no Facebook, lemos as repetitivas reportagens na Gazeta do Povo. Mas ninguém fala sobre as casas alagadas ou sobre as pessoas que perderam tudo, inclusive seus familiares, nos bairros afastados. Não nos importa a periferia, nem os pobres que morrem nos bairros suburbanos.

Essas criaturas da periferia só nos importam quando entram em nossos centros comerciais com suas roupas de mau gosto e seus perfumes de 15 reais. "O quê esta gente feia está fazendo aqui no nosso shopping?", nos perguntamos. "Deixem-nos em paz aqui no nosso aquário, na nossa bolha de vidro, comprando sapatos e colônias caras, que vocês nunca poderão ter."

Olhamos feio, viramos a cara, temos medo. Feios e pobres que matariam por um iPad... E nós, civilizados que somos, só pedimos PAZ.

Ligamos a TV e vemos a Regina Duarte e o Joãozinho 30 de mãos dadas e camiseta branca andando com uma bandeira, flores e velas, pela avenida de Copacabana, baixo o Cristo Redentor, pedindo PAZ. Vão acompanhados de milhares de pessoas. Cidadãos conscientes, votantes, artistas.. uma elite intelectual de primeira, que "luta pelo povo". Só que não.

Os brasileiros não vão pra rua pedir educação, pagamento digno para os professores, infra-estrutura nas escolas, salário decente para os policiais, nem hospitais públicos que funcionem bem com o dinheiro dos impostsos que pagamos. Dane-se o transporte público e seus usuários, os ciclistas e os pedestes. Que se ferrem e morram - os pobres e feios, que são os únicos que dependem dos serviços do Estado. Enquanto pudermos comprar carros novos, só o preço da gasolina nos importará. O preço da gasolina que sobe injustamente e nos transforma em vítimas de um sistema que nós mesmos criamos.
Mas deixa chover em Petrópolis! Deixa alagar tudo em SC! Deixa uma família "humilde" ir no Luciano Hulk pra ver quem não chora, quem não manda roupa e cesta básica pra ajudar... Quem não vai no Cotolengo dar uma mão no bingo? Todo mundo. Todo mundo faz caridade porque ninguém quer se sentir culpado. Afinal, os culpados são só os políticos, não é? Corruptos! Cadeia neles! - repetimos nos nossos discursos infames, na mesa dos bares, ou - mais recentemente - usando a internet.

Nós e nossa sociedade, a elite, os intelectuais, os que estudamos e nos preparamos pra sacar este país pra frente, só queremos paz. Até doamos nossa roupa usada e alguns kilos de alimentos para entrar em shows de rock de 700 reais. Mas que não venham nos falar dos outros, da justiça para as pessoas que estão do outro lado do muro e que só querem viver da teta do governo, sem saber nem escrever seu nome direito.

Por justiça a gente briga sim, mas pela nossa, pra quem está no mesmo patamar que a gente. E às vezes até pela dignidade dos mendigos... mas só se eles forem brancos, loiros, altos e de olhos claros. Lembram daquele mendigo-muso que apareceu na internet? Até na Espanha saiu a cara dele... Tem algumas coisas que não mudam de um país para outro... Mas pelo menos aqui, o povo vai para rua, pedindo pelo bem estar que é direito de todos.


Texto inspirado em uma coluna lida esta manhã no jornal El País.


Por Caridad

Cómo no te va a partir el corazón esa pobre mujer que acude a la tele pidiendo asistencia para un hijo enfermo; cómo no va a provocar compasión quien cuenta a cámara que no trabaja desde hace años, tantos, que ya se le pasó la edad de resultar atractivo a una empresa; cómo no conmoverse si a un programa acude toda una familia que muestra su desgracia como un último recurso de salvación antes de que todo se derrumbe definitivamente. Tras una primera reacción de empatía y comprensión, hay una segunda, de rabia, no relacionada con los que movidos por una situación angustiosa acuden donde sea, sino con los que supuestamente animados por la bondad les empujan a convertirse en protagonistas de espacios televisivos cuyo objetivo es mostrar la cara de la desgracia.
Los entrevistados suelen mostrarse tímidos al principio, pero el conductor del programa se las apaña para ir hurgando en la herida hasta que se derrumban y lloran, a veces delante de una criaturilla de cinco o seis años que, con la seriedad propia de los niños que presencian a diario cómo sus padres sufren, se arrima aún más a ellos para aliviar su dolor. Es entonces cuando el entrevistador anuncia que hay una llamada, la llamada de alguien que está dispuesto a socorrer al hambriento, ofrecer trabajo al parado o un tratamiento al hijo enfermo. Llegados a este punto, los pobres desgraciados lloran aún más, el público aplaude conmovido esas lágrimas y este cuento navideño de Andersen acaba con un final feliz. El presentador añade, "ya nos gustaría hacer esto por todo el mundo".
Mal vamos si nos acostumbramos a la caridad y no a la justicia. La solidaridad, lo saben los voluntarios, es un parche. Los parados quieren trabajar; los enfermos, ser atendidos; los sincasa, un techo. Pero no gracias a la piedad de los desconocidos, sino porque tienen derecho. Lo tienen.

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El regreso de Daisy

Que bom é encontrar pessoas que pensam como você e sabem como explicá-lo melhor.
Um copy + paste de um artigo, publicado no El País, por Carla Guimarães - uma escritora baiana muito madrilenha que conheci em uma cafeteria da rua Fuencarral.


El regreso de Daisy

Se fue de Brasil por la falta de oportunidades. En España empieza a pasar lo mismo


Hace un par de meses mi amiga Daisy tuvo una cita muy importante. Como si de un truco de magia se tratara, entró en el registro de la Calle Pradillo de Madrid como brasileña y salió como española. ¡Tachaaaan! Parece fácil, pero es un truco muy complicado. Fueron demasiados los años de espera para tener los mismos derechos que un ciudadano que nació aquí, a pesar de tener, desde hace mucho, las mismas responsabilidades. Minutos después de jurar fidelidad al Rey y a la Constitución, mientras miraba el noticiero de la tele tomándose un café en un bar cerca del registro, Daisy se percató de algo que la dejó sin palabras.
Cuando llegó a Madrid, fueron muchas las cosas que llamaron la atención de Daisy: la manera como la gente hablaba, muy alto y de forma muy directa, lo mucho que fumaban, hasta en los ascensores y en el metro, lo fuerte que sabía el café, incluso si lo pedías con leche, la inmensa cantidad de bares, casi todos con el suelo repleto de servilletas, huesos de aceitunas y colillas, y lo tímidos que eran los hombres, que tardaban siglos en ligar. Antes de venir, había visto la película Ay Carmela e imaginaba al hombre español como el soldado republicano que aparecía al principio de la cinta, preguntando a Carmela si podía calentarse las manos en su escote. Le encantó el descaro del soldado, influido seguramente por la soledad de la guerra o la ginebra. Los hombres que Daisy conoció tardaban tanto en dar el primer paso, que ella misma tenía que preguntarles si les apetecía calentarse las manos. En eso, todo hay que decirlo, los brasileños son más rápidos y ya vienen con las manos calientes.
Después de esta primera impresión, donde asentamos la mirada en las diferencias cotidianas y las hacemos mayores de lo que realmente son, poco a poco, Daisy empezó a darse cuenta de lo que era realmente diferente, y a apreciarlo. Por ejemplo: la inmensa clase media española, y esa sensación de que aquí las diferencias sociales no son tan grandes. La primera vez que llamó un fontanero a su casa y él la trató de igual a igual, Daisy se quedó anonadada. En Brasil no era así, el clasismo imperaba. Aquí casi todos se trataban de tú a tú, y eso significa algo más que el simple uso o desuso de ciertos pronombres personales. Otra cosa que le impresionó a Daisy fue el sistema público de salud. Hace no mucho tuvo que ser operada dos veces por una hernia. En Brasil, Daisy jamás confió en la salud pública, y la privada, después de dos cirugías y varios días hospitalizada, sangraría de tal manera su cuenta bancaria que su mejor opción sería morir en la mesa de operaciones. Pero lo que más le chocaba, sin embargo, era la sensación de seguridad. Que cualquier latinoamericano me corrija si me equivoco, pero eso de regresar a casa de madrugada caminando por las calles y que no te pase nada… Eso es un lujo. No está pagado con dinero. Bueno, sí lo está. Esto ocurre en España justamente porque la gente tiene una mejor división del dinero, no hay tanto en manos de tan pocos como pasa en Brasil.
También es cierto que Brasil cambió mucho en esos años. 30 millones de brasileños salieron de la pobreza, el país pasó de deudor a acreedor del Fondo Monetario Internacional y es actualmente la sexta economía mundial. Daisy nunca tuvo ínfulas nacionalistas, sino todo lo contrario. Consideraba el nacionalismo como algo negativo, que impedía a los brasileños ver el país como realmente era. Pero estaba claro para ella que las políticas sociales de los últimos gobiernos le permitieron volver a tener orgullo de un Brasil que la desterró por falta de oportunidades. Por eso, mientras veía el catastrófico noticiero de la tele española en el bar cerca del registro, Daisy pensó en Brasil y en España, en cómo han cambiado las cosas estos últimos años. Y encontró un símil entre los dos. Algo que le aterrorizó.
Hace 12 años, Daisy se fue de un país en crisis, gobernado por neoliberales que priorizaban las medidas económicas por encima de las sociales y que creían en un desarrollo dependiente de los países más ricos de la zona. Un país que llevaba a cabo una fuerte política de privatizaciones y que consideraba las inversiones en salud y educación como meros gastos públicos. Se creía y se decía que la administración privada sería más eficaz que la pública. Sin embargo, la misión de cualquier empresa privada es obtener beneficios, lo que en demasiadas ocasiones prevalecía sobre el bienestar de los ciudadanos. Daisy se fue de un país que ya no creía en su clase política y donde la corrupción imperaba impunemente, ya que muchos de los procesos judiciales a los corruptos, como se decía en Brasil: terminaban “en pizza”. Algo termina en pizza cuando se habla mucho, no se llega a ninguna parte y después, ya cansados, los interlocutores piden una pizza. Durante mucho tiempo Daisy creyó que el propio Brasil terminaría en pizza, y justamente por eso partió. Se fue de un país que no juzgó los crímenes cometidos durante la dictadura, dejando impunes las torturas y asesinatos sufridos por más de 20.000 presos políticos. Un país cuya ya escasa clase media desaparecía, absorbida por una galopante crisis social. Un país cuyo gran triunfo nacional era ganar mundiales de fútbol.

Se fue de un país en crisis, donde los  neoliberales  priorizaban las medidas económicas por encima de las sociales
De alguna manera, y sin saber muy bien cómo, al aceptar la nacionalidad española, Daisy pensó que estaba regresando a este mismo país.
Carla Guimarães es escritora, guionista de televisión y de cine.

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Resgatados pela Eurocopa

Mais do que crise ou recessão, as palavras do momento por aqui são "Resgate Económico". 
Rapidamente: o sistema bancário espanhol foi resgatado pelo Eurogrupo, com um financiamento em forma de empréstimo de €100 bilhões. A partir de agora, a Espanha está baixo supervisão, não só da Comunidade Européia, mas também do FMI. Deixamos de ser um país soberano, pelo menos economicamente e teremos que prestar contas periódicas à Comunidade Européia (recomendo o Blog da Karla Mendes, no Estadão).

Tudo isso aconteceu neste final de semana: o rumor apareceu na sexta-feira, apenas uma semana depois do presidente Mariano Rajoy garantir a todos os espanhóis, pela televisão, que a Espanha não seria resgatada. No sábado de manhã o Ministro da Economia deu uma coletiva de imprensa confirmando que tínhamos aceitado a "ajuda econômica oferecida pela Comunidade Européia". Luis de Guindos não utilizou a palavra "resgate" e insistiu - em outra palavras - que a Espanha tinha tido "muita sorte", já que a Comunidade Européia fez uma oferta irrecusável para apoiar a nossa economia. De Guindos também disse que Rajoy não falaria com a imprensa, pois o presidente estava viajando à Polônia para ver a estreia da Espanha na Eurocopa. Em plana crise. No meio do que muitos jornalistas chamaram de pior momento económico do país desde a Transição pós-Franco.

Claro que isso gerou histeria coletiva e o presidente teve que voltar láááááá da Polônia pra dar uma entrevista e uma explicação aos espanhóis. Depois, Rajoy voltou à Polônia para, como a maioria dos espanhóis, ver a Seleção Espanhola empatar com a Itália.

A teoria da conspiração diz que tudo já estava planejado. Eles já tinham calculado tudo minuciosamente e o anuncio foi feito, de propósito, um dia antes do começo da Eurocopa. Com isso, eles abafariam o caso e desviariam a atenção da população.

 


 No sábado, muitas pessoas ficaram horrorizadas com a palavra "resgate". No domingo tinha fila pra comprar jornais na banca. Lá pelas 16hs desse mesmo domingo, pouco tempo depois da declaração do Rajoy, a maioria das pessoas esqueceu toda a história que eu contei e foram para os bares e praças, vestidos de vermelho, com a cara pintada e a bandeira em mãos, no auge do seu patriotismo, para gritar: "Yo soy español, español, español" - algo como "eu sou brasileiro, com muito orgulho..."
Lembrei do Brasil. Vi todo aquele espetáculo com tristeza. Me uni à teoria da conspiração. Lembrei do Julian Irusta. Pensei nas grandes manifestações populares que vivi na Espanha e me perguntei se todos aqueles ativistas também tinham se esquecido do restate económico e da política. Torci pela Espanha e pensei que não podemos estar condicionados pelos governantes, que o povo é soberano e merece seu divertimento. Entendi que esta é a desculpa que usamos para nós mesmos.... E que tem coisas que não mudam entre um país e outro.

Fonte: Pinterest do Julian

Esta semana vi no Facebook de algum amigo a imagem que publico no final deste post - e dei "like". Vi a publicidade da Coca-Cola na TV e me pareceu de péssimo gosto. Fiquei indignada, fiz um discurso demagógico na mesa do almoço, perdi o apetite e dei piti - apenas poucos minutos antes de começar os Simpsons e da gente tomar nossa anestesia diária de risada. E logo pensei: merecemos.






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O futebol. Ou melhor: o Real Madrid x Barcelona

* Continuação do post publicado no blog do jornalista Napoleão Almeida
 
Não era a primeira vez que eu ia a um estádio de futebol. Muito pelo contrário, eu cresci indo aos jogos do meu time junto com o meu pai. Sei como nos sentimos no campo... a emoção de gritar Gol, a raiva do juiz, a cumplicidade com o torcedor ao lado.

Lembro-me da preparação: a cervejinha antes, o cigarrinho ou os amendoins durante, e a alegria – ou tristeza – depois. Mas nunca tinha ido ver a “outro” time que não fosse o Coxa.

Em janeiro de 2012 eu fiz isso. Fui a um dos maiores estádios do mundo, ver dois dos maiores clubes da atualidade jogando um clássico histórico: Real Madrid x Barcelona, no Santiago Bernabéu.




10 horas da noite: o horário mais tarde do mundo para se começar um jogo de liga oficial. Às 20 horas já estávamos lá, meus amigos madridistas e eu, para fazer um esquenta sentindo o ambiente. Até aí nada muda: gentarada, ruas fechadas para o trânsito e muita movimentação.




Fomos a uma rua lateral buscar uma cerveja. Justo quando voltávamos, o ônibus do Real Madrid chegava passando no meio da galera. Bengalas vermelhas, bombas e gritos de “Puta Barça” com muita fumaça e nervosismo no ar. Depois meu amigo me confessou que ali era o lugar onde os “ultras” se reuniam. Sim, eles também existem por aqui e são bastante radicais.


Mas a violência terminou por ali.  Entramos no estádio e nos preparamos para o começo do show.
Sim, do show. Quando você vai a um evento desse porte, já sabe o quê te espera. Não é à toa que encontrei entradas de até 1.000€ sendo vendidas pela internet. A minha custou 50€ (preço especial para profissionais do setor) e seguramente ninguém se arrependeu.

É assim: você chega ao estádio e ao entrar já fica impactado: o Santiago Bernabéu suporta quase 86 mil pessoas (!) e é tão grande que chega a dar vertigem. A infra-estrutura é absolutamente incrível, com um gramado brilhante e um sistema de calefação especial, que não nos deixou sentir o frio de 5ºC.

Mas vamos ao que interessa: o futebol
Não adianta... nós já não temos o melhor futebol do mundo. Temos a maior tradição em mundo e podemos ter o melhor campeonato – por ser o mais emocionante. Mas viver uma experiência como um Madrid x Barça faz você perceber que as coisas por aqui estão em um outro nível.
O futebol europeu não se resume a "ópio do povo". O futebol aqui é negócio – maduro e rentável
O evento começa com uma canção de Plácido Domingo – em lugar de um provável Michel Teló no Brasil. A polarização política é clara mesmo em um esporte tido como alienante por definição – o Barcelona é uma equipe Catalã, região tradicionalmente separatista, e o Real Madrid era a equipe de Franco, ditador espanhol. Só com isso, o prato da polêmica já está servido.
Fora de campo, com algumas exceções, vemos uma sociedade civilizada
Não existe fosso em volta do gramado, algo que o Grêmio já está implantando em sua nova arena, e não vi polícia federal, apenas seguranças privados. É claro que a torcida é exigente, mas ninguém joga pilha e nem copo na cabeça dos outros. Aliás, duas filas atrás da minha, estava um casal com a camisa do Barcelona. Nos estádios europeus, apesar de existirem pequenas áreas reservadas para os visitantes, muitos deles se misturam com torcedores da outra equipe.
Dentro de campo, um jogo muito agressivo, de corpo a corpo direto, velocidade e passes objetivos
Cada toque é como um corte preciso de um cirurgião profissional. Por exemplo, só vi o Cristiano Ronaldo errar um único passe durante todo o jogo.

E a partida foi assim: um primeiro tempo do Real Madrid com um gol de Cristiano Ronaldo, uma reação rápida do Barcelona e um segundo tempo de violência brutal vinda dos merengues nervosos. O jogo acabou em 1 x 2 aumentando as críticas ao técnico do Real, que é questionado há algum tempo pelos torcedores e pela imprensa. O português Mourinho prepara uma surpresa diferente para cada jogo e nunca sabemos que time vai entrar em campo. Falta entrosamento.

Uma estratégia contrária ao Barcelona que leva anos jogando o mesmo futebol. Não importa a partida, o adversário ou o lugar, sempre sabemos o que vamos ver: o Messi metendo gols, o Xavi fazendo seus passes milagrosos, Puyol brigando como um Golias na defesa, e o toque de bola mais bonito da atualidade. Talvez você ache que não seja o mais bonito, mas, com certeza é o mais eficiente.

O que o Barcelona faz é o futebol por definição. Todos se apoiam e jogam juntos. O resultado é a vitória frequente. O Barça nos ensina o que é o espírito de equipe. Os Blaugranas nos ensinam o que é o futebol... tanto que o Xavi saiu de campo aplaudido do estádio do seu arqui-rival.

“Que levem Mourinho e nos tragam Deus! Isso é um banho, como Deus manda!” foi o que eu ouvi na arquibancada. É o que os torcedores do Real estão falando do cara que era considerado o melhor treinador do mundo, até conhecer o Barcelona.